
Cavando para montar un cerco que separara mi terreno del de mis vecinos, encontré, enterrado en el jardín, un viejo cofre lleno de monedas de oro.
A mí no me interesó por la riqueza, sino por lo extraño del hallazgo.
Nunca he sido ambicioso, y no me importan demasiado los bienes materiales...
Después de desenterrar el cofre, saqué las monedas y las lustré. ¡Estaban tan sucias y herrumbrosas las pobres!
Mientras las apilaba sobre mi mesa ordenadamente, las fui contando...
Constituían una verdadera fortuna.
Sólo por pasar el tiempo, empecé a imaginarme todas las cosas que se podían comprar con ellas...
Pensaba en lo contento que se pondría un codicioso que topara con semejante tesoro...
Por suerte...
Por suerte no era mi caso...
Hoy ha venido un señor a reclamar las monedas.
Era mi vecino.
Pretendía sostener, el muy miserable, que las monedas las había enterrado su abuelo y que, por lo tanto, le pertenecían.
Me fastidió tanto...
...¡que lo maté!
Si no lo hubiera visto tan deseperado por tenerlas se las habría dado,
porque si hay algo que a mí no me importa,
son las cosas que se compran con dinero...
Pero, eso sí,
no soporto a las personas codiciosas...


No todo se compra con dinero, pero no por eso hay que matar a nadie. Saludos
http://www.lacoctelera.com/lo-que-hay/post/2006/09/04/el-sabio-y-...
Hola muchas gracias por pasarte por mi página y además felicitarme...mañana me pasaré de nuevo a echar un vistazo...gracias de nuevo un saludo
A veces tendriamos que reflexionar que lo que nos molesta de las actitudes de los demas, tambien es posible que este en nosotros, ¿quien era el codicioso?, una cosa es formular en abstracto y otra la vida concreta
besos